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Estas paredes han visto cómo las personas se despojan de sus viejas pieles. Estas paredes han escuchado cómo se llora el dolor. En estas paredes se rompían bloqueos — y entonces la verdadera naturaleza de la persona podía brotar hacia afuera, derramando todo lo reprimido, olvidado, desplazado.
Precisamente estas paredes abrazaban a cada participante en esos momentos, brindándole una sensación especial de aceptación, protección, naturalidad y espontaneidad de todos los procesos que le ocurren. Qué naturales son todos nuestros sentimientos. Qué derecho tienen a existir todas nuestras expresiones. Precisamente aquí cada uno puede manifestar su Salvaje Esencia — esa naturaleza que no se puede mostrar en la vida cotidiana.
Es precisamente aquí donde la persona recuerda que es un hijo de la Tierra, que es parte de una gran familia — la humanidad. Y junto con ello, parte de la Familia Cósmica, del Universo inteligente.
Este es un espacio asombroso que abre horizontes para el vuelo de la mente y la apertura del corazón. Aquí la risa y los abrazos son el leitmotiv de cualquier proceso. Y es precisamente aquí donde uno desea regresar una y otra vez, para sentirse en el flujo del amor y la belleza, en unión con todo lo que existe.







